Ciudad
©
Letra y Música: Alejandro Martínez
Cuando
llegué a esta ciudad todo eran caras largas,
cuando me quise regresar mis pies no me dejaban;
entonces
me hice a un lado,
al lado más gris de la soledad,
así te conocí.
Al
recorrer esta ciudad me salieron durezas,
desilusiones que cantar, y todo eran promesas;
te
supe acogedora
y vi que llevabas escrita en las postales:
“ven aquí”.
Una
ciudad que acaba de nacer,
que viste sus calles de gala.
Cuando
te quise enseñar a mis buenos amigos
vestías falda, andabas con el aire presumido;
me
regalaste tantas caras de ti
que no volverán
a sorprenderme igual.
Una
ciudad que se conoce bien,
que juega sus mejores cartas.
Ahora
sí te empiezo a querer, ahora sí te devoro,
antes no te entendía bien, ahora sí te recorro;
ahora
que cada calle
guarda el sabor que dejó tu andar,
tus ojos de aprendiz.
Una
ciudad que me conoce bien,
que sabe, te echaré de menos.
A
esta ciudad yo la conozco bien.
Sé que también te echará de menos.
Vengo
a Cantautar
© Letra y Música: Alejandro Martínez
Vengo del fondo del fondo del mar
salí de las aguas lleno de algas
vengo con la sal pegada en la piel
y con el mar a cuestas.
Mil años he tardado en llegar
y el camino fue un campo de minas
cien años gasté sólo en descansar
y curar las heridas.
Vengo a cantautar
no vengo a cantar
no, desde tan lejos,
no vengo a cantar.
20 guerras he dejado atrás
he estado en Gernika, en Hiroshima,
fui en una ocasión el único mortal
en la faz de la tierra.
No desconocí ni una prisión
y me rebanaron la cabeza
al cogerme la santa inquisición
peró conmigo hogueras.
Vengo
a cantautar
no vengo a cantar
no, desde tan lejos,
no vengo a cantar.
Topas las balas apuntan a mi
casi todas dieron en mis carnes
de tanto llorar por tanto que vi
nacieron nuevos mares.
Vi un largo túnel y al fondo una luz
pero la apagué y ya estoy de vuelta
desafié a la ley de la gravedad
vivo más de la cuenta.
Vengo
a cantautar
no vengo a cantar
no, desde tan lejos,
no vengo a cantar.
Ahora
cantan con técnica
y yo sólo sé cantar con osadía
no me importa si no quieren escuchar
vendrán mejores días
Vengo
a cantautar
no vengo a cantar
no, desde tan lejos,
no vengo a cantar.
Vengo del el fondo del fondo del mar...
Paula
©
Letra y Música: Alejandro Martínez
Quién iba a sospechar
que al irse el siglo
me iba yo a enamorar
de tanto brillo
en tu mirar,
en tu acento argentino,
en la fe en tu camino,
tu andar.
Una
copas de más
y un alma ciega;
me quisiste contar
todas tus penas;
vos quisiste cantar
en sussurros, mi amor,
la canción:
"y dale dale dale
alegría a mi corazón"
Paula
mi bien
hoy el dolor
hace fiesta
Paula
sabés?
Es el destino.
Todo
da igual.
Este instante es la paz
que nos falta.
Nada más.
Y
te vas con el sol
de la mañana.
Hay un charco que no
me hará fácil nada.
Pero bien,
recuerda esta noche,
contigo entra el siglo
tan bien...
Y
te vas mientras yo
reclamo a gritos
algo para aliviar
mi deje argentino.
¡Hay que ver! Yo no sé
dónde puedas estar.
Mira bien,
si no te vuelvo a ver
Felicidad esté
con vos.
Paula
mi amor
vive conmigo
este siglo.
Paula
sos vos
lo que me ayuda
a estar vivo
Paula
sos vos
algo divino.
Todo
da igual.
Este instante es la paz
que nos falta.
Nada
más.
Todo
da igual.
Este instante,
no más,
que nos falta.
Nada
más
La
Reina del Vals
©
Letra y Música: Alejandro Martínez
Ella fue a bailar,
vestía su mejor traje, su mejor collar
ella fue a buscar,
yo no sé si amor, si un beso o un pedazo de pan.
Cuando
ella entró ya giraban las luces,
se rompió una copa de cristal,
mesa número seis, flores y lumbres,
bebió y comenzó a quererse más.
Se
cansó de mirar
y cruzar miradas que no sugerían nada nuevo que contar
decidió al azar que esa era su última copa
que era tiempo de danzar.
Y
aunque le sonaban poco los valses
y en la pista eran número par,
imaginó su partenaire de baile
procuró no perder el compás
Y
aunque sus pasos no eran de academia
sus pies regalaban magia al girar
ella tan sólo cerraba los ojos
hasta que el fin anunciaba el final
de otro nocturno velo,
de promesas y empeños por triunfar.
A
la séptima vez
los clientes distinguían a la reina del vals
y el afan por saber
atraía a otros curiosos hasta el Club Paradise.
Al
fin le dieron un beso en la boca
pero renegó pronto de él
y ya no quiso ni abrazos ni historias,
sólo música, luces a sus pies.
y
aún hay quien recuerda que se la oía
si rozabas su cuerpo al bailar
tatarear pequeñas melodías
de boleros, te tangos, de vals
de amargas despedidas,
de las viejas heridas del mar.
Pude
verla bailar
antes que uno de sus giros resbalara en el vivir,
fue la reina del vals...
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